miércoles, 17 de octubre de 2007

Comentarios sobre el bunraku 3.

No a todo el mundo le ha gustado o le atrae el teatro japonés (bunraku incluido). Vamos a publicar una cita de Henri Michaux sobre el teatro japonés que no es muy elogiosa. De todas maneras , quizás disculpando algo que no lo necesita, hay que decir que esta cita está escrita en una visita anterior a la 2ª guerra mundial y el escenario no era el más adecuado. La cita no tiene desperdicio.

" No hay en la tierra actor más gritón que el japonés, y con tan escaso resultado. No dice su idioma, lo maulla, lo eructa, y brama, vocea, relincha, gesticula como un poseído y a pesar de eso no convence.
Hace 'decorativamente' esas contorsiones horribles que quieren expresar el dolor, y que no expresan más que el trabajo horrible que se da para representar el dolor; dolor remedado por un hombre que no sabe lo que es ( son un montón de estetas) ante un público de estetas que tampoco lo sabe.
Llora, gime; un armazón de gemidos del que no saca nada.
Como la sonrisa japonesa que sólo muestra los dientes, la amabilidad no se ve.
Con refunfuñones voces de viejos, tratan de dar importancia a su pacotilla, con su idioma mediocre, y sus historias de vendettas, con gemidos prolongados, con sílabas enfiladas de gatas en celo en la soledad de la noche y en la exasperación nerviosa, los actores japoneses son los seres más falsos, más insoportables de toda Asia y de toda Europa (sin excluir las cantantes coreanas).
Teatro de roña, con Voz de Pueblo, Voz de Llamadas al Orden y de advertencias, pero sin grandeza.
Voz fuerte que huele a mil leguas los prejuicios, la vida tomada por el mal lado y un montón de viejas imposturas y obligaciones, y una serie de nociones de segunda mano, pero con una gran mayúscula, donde en medio de las voces del Imperativo categórico (que es el dueño del Japón) circulan los pobres personajes víctimas, y seres subalternos, pero como es de cajón, con grandes aires matamoros, con un valor exclusivamente decorativos, y una falta tal de variantes que se comprende que en los se les ponga máscara y que en Osaka, representan simples fantoches de madera de tamaño natural."

Hay que decir que unas páginas más tarde dice esto: " Mientras muchos países que a uno le han gustado, tienden a esfumarse, a medida que uno se aleja, el Japón que he aborrecido netamente, cobra ahora más importancia. El recuerdo de un admirable se ha entrometido y se difunde en mí."

Esto es publicado en "UN BARBARO EN ASIA" de Henri Michaux. Ahí queda eso ¡Qué lo disfrutéis!

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